Nervios traicioneros
La pequeña ciudad rusa de Khanty Mansiysk, en el corazón de Siberia, está siendo la anfitriona de la Copa del Mundo por segunda vez consecutiva.
Totalmente blanqueado por la nieve, este lugar parece estar hecho a la medida de los ajedrecistas de Europa del este, a quienes el “frío” sibérico no los inquieta para nada. En el caso de los latinoamericanos pareciera ser que en esta oportunidad fue un factor importante el hecho de tener que ir a un lugar que queda tan a trasmano; de los 12 presentes, sólo 1 pudo avanzar a la segunda ronda: el cubano Lenier Domínguez.
Para los tres argentinos presentes resultó ser una gran experiencia, no más que eso. Fernando Peralta estuvo muy cerca de eliminar a su rival (Inarkiev, un GM ruso de 2674 puntos de elo), pero los nervios lo traicionaron en las dos partidas, seguramente las más importantes de su carrera. En la primera jugó de manera impecable, de tal forma que logró llegar a un final de alfil y caballo contra rey, técnicamente una victoria asegurada, sin embargo cuando debía definir la partida se agotó el tiempo de su reloj, con lo que debió firmar un amargo empate. En la segunda, cuando las tablas ya eran casi un hecho, le volvió a suceder lo mismo, sólo que ahora costó el punto entero.
En tanto que Juan Pablo Hobaica y quien escribe estas líneas, fuimos superados sin atenuantes por nuestros experimentados adversarios.
Nota Completa del MI Diego Flores
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